Conexión filosófica, La Muerte

November 10, 2015

“Sólo para los humanos es difícil morir” con esta premisa Norbert Elias da inicio al diagnostico de lo que significa morir en occidente y nuestra relación con los moribundos. Las últimas prescripciones de Mr. Fox han sido sobre la muerte, todas ellas desde los álbumes ilustrados, algunos pensados para aproximar a los niños al concepto. En todas las prescripciones tuve al lado este libro, siendo una referencia medular para mis exposiciones.

Como esta es la primera conexión filosófica que hago en este blog, vale la pena aclarar a los nuevos lectores que, parte del ejercicio de selección y formulación de álbumes ilustrados como una “medicina intelectual”, es conectar este grupo de libros con uno en clave filosófica al final. Ese libro de filosofía conectado a los álbumes ilustrados es “el juego filosófico”, y será como la casa matriz y núcleo de los contenidos que expongo para abordar los libros ilustrados. Va al final, para quienes quieran ahondar en los temas, y no se queden solamente con la prescripción. De cualquier manera habrá un post dedicado a jugar y explicar ese juego filosófico.

 

 

“La soledad de los moribundos” de Norbert Elias es nuestra conexión filosófica y mi prescripción “Mister foxiana”. Haciendo un recorrido por los procesos que relacionan al moribundo de la sociedad moderna, Elias analiza cómo el perfeccionamiento técnico del momento industrial, la sofisticación de la ciencia y los procesos de asepsia, particularmente en las sociedades desarrolladas, contribuyen casi que de forma definitiva al aislamiento de los moribundos, es decir, a la circunstancia de morir solos aunque en condiciones que benefician su existencia como seres orgánicos, pero no espirituales.

 

Ese análisis del aspecto técnico en el proceso mortuorio realza algo más tremendo, la antipatía decidida del hombre moderno hacia la muerte. Esa disposición especial al tema me recuerda muchísimo un libro de Robert Redeker “Egobody”, donde expone cómo el individuo de la sociedad moderna ha integrado su noción de espíritu al cuerpo, hombres y mujeres industrializados, uniformados incluso en sus posibilidades físicas.

 

Recuerdo un ejemplo, para las personas en situación de discapacidad física no se ha buscado otra cosa que la suplementación a través de la sofisticación técnica, de los miembros que se hallan ausentes o en “deficiencia motora”. No se ha pensado en el potencial propio de su circunstancia vital, en virtud de imitar lo que se considera en ausencia o defecto. Esa forma del humano industrializado, cada vez más parecido al resto de la producción industrial, no lleva en buenos términos la circunstancia mortal porque niega su ideal central, la preocupación por la salud, la belleza industrial, el cuerpo organizado, no son sinónimos del declive de la materia orgánica.

 

A mí me da alivio ver libros como los de Edward Gorey o Wolf Erlbruch dispuestos para niños, me reconforta ver también que los adultos estén dispuestos en llevar hasta sus pequeños estos temas. En países como el nuestro donde se muere gente todos los días en circuntancias penosas u hostiles, darle herramientas de sensibilidad, análisis y comprensión a los futuros ciudadanos no suena del todo descabellado. Me alegra además que aunque sean “libros para niños” tengan la posibilidad de ser honestos. “El hecho de morir, es un acto de violencia. El que sean otros seres humanos los que lo realizan o sea por el curso de la naturaleza que provoca el declive vital, no tiene mayor importancia en sus últimas consecuencias para el que muere”.

 

Es sano entender que la muerte no necesita una traducción rosada y disfrazada de otra cosa. Decaemos, envejecemos, nos descomponemos incluso antes de morir. Los procesos higiénicos (físicos e intelectuales), el cuidado de los órganos, sólo valen la pena por el bien de la persona al que están integrados.

Los niños son esenciales, como en todo, en el proceso civilizatario que se aparta de la muerte y deja a sus moribundos solos.