El juego filosófico de leer álbumes ilustrados

February 2, 2016

 

Ha pasado mucho tiempo desde la última publicación en Mr. Fox Prescribe, la razón es ésta donde estamos ahora: convertí el proyecto de fomento a la lectura a través de álbumes ilustrados, en una librería especializada en ilustración, para pequeños y para los que habiendo dejado de serlo, de hecho aún lo siguen siendo. Reinauguro este espacio reseñando mi breve labor como formador de lectores y explicando por qué en un lugar donde priman los libros para niños, habrán también libros de filosofía y ciencia, ¿viola un poco el orden de las cosas no? ¿Por qué no mejor seguir con narrativa en forma, luego de transitar por los álbumes ilustrados si el objetivo es que sigan leyendo?

La respuesta está en uno de los postulados de Matthews en su libro “El niño y la filosofía” (Fondo de Cultura Económica), los niños son filósofos innatos, sienten perplejidad por el mundo, y lo cuestionan desde su función inicial, la más básica. El aparato social, y esto lo debemos saber, aliena y constriñe muchas de las habilidades propias de la infancia en la medida en que el pequeño se va haciendo grande y va haciendo consciente su necesidad de pertenecer a la máquina. Entre esas habilidades la de sentirnos asombrados por el mundo e indagarlo, y crear entonces conceptos para dimensionar, para acercarnos al conocimiento: la filosofía.

 

“Los errores que cometemos acerca del mundo que percibimos a nuestro alrededor surgen de las inferencias que sacamos de los datos infalibles e indudables” y cito del mismo libro una experiencia para redondear la idea “Úrsula de 3 años, 4 meses de edad, le dice a su mamá que tiene un dolor en su estómago y ella le aconseja <acuéstate y duerme, tu dolor se irá>. Úrsula < ¿A dónde se irá?>. La niña, perpleja por la existencia del dolor como un sustantivo y no como verbo, cuestionó cuál sería entonces la ruta del sujeto que ahora la habitaba.

Nuestro cerebro se ahorra camino y toma atajos para no pedirnos autorización de todo cuanto hacemos, caminar, respirar, tomar el objeto en el aire cuando se nos resbala de las manos, y esto también aplica para los modelos sociales, todo constructo que nos convierte en miembros de algún sistema. Aprendemos a ser racistas, clasistas, hampones, homofóbicos, machistas, religiosos, honestos, generosos, responsables… (Ojalá fuera de forma incidencialmente mayor en los últimos ejemplos) bajo esos modelos incuestionables y dogmáticos, pero aún en aquello que evaluamos como positivo ¿cómo sabemos que hacemos lo correcto si lo hacemos replicando un lineamiento que hemos heredado? No deberíamos preguntarnos acaso, antes de lanzar la bruja a la hoguera ¿qué significa ser bruja? ¿Quién es dios y quién es diablo? Y ¿De cuál fuente nos ha venido que el uno es bueno y el otro el malo? Esa es una herramienta natural de la filosofía, la pregunta. Si nos cuestionáramos por todo cuanto hacemos de seguro que el mundo andaría mucho, muchísimo más despacio pero de pronto más conscientes de lo que hacemos y en un mundo que parece distinguirse por inconsciente ¿sería éste un paso mal dado?

 

Pero ¿qué tienen que ver los álbumes ilustrados? Porque muchos de los buenos tratan ideas profundas o abstractas de forma breve, casi una síntesis que en el caso de los más astutos no cierra sino que se prolonga hasta la reflexión (el método socrático de la mayéutica). Pero sobre todo, porque encierran la forma primitiva de relacionarnos con el mundo: las imágenes, y en el nivel superior, con el discurso estético. Ahí, hemos abierto la caja de pandora, cuando hemos logrado inquietar o dejar perplejo a nuestro lector es cuando nos conectamos con la literatura filosófica y científica, para seguir prologando su reflexión y provocarlo, para recordarle como decía Carlos Gaviria Díaz que “el hombre, en tanto que sujeto del espíritu, se revela como la criatura condenada a saber”. Claro que también se puede con la narrativa o la poesía, que muchas veces las unas tienen de las otras o todas de todas, que sean las unas y no las otras tiene que ver más con un interés personal ahora, con mi “búsqueda de camino”. También es cierto decir, que a ambas, filosofía y ciencia, las considero la manifestación intelectual más honesta del hombre.

 

La librería Mr. Fox funciona como una botica, eso ustedes ya lo saben, y a la botica acuden para diezmar el dolor o para en el peor de los casos, por lo menos acompañarlo. En la botica literaria están todas las posibilidades dispuestas, no solamente las dolorosas y encontrarán también, esos libros mayores, no mejores, más bien como papás de los ilustrados, que abrirán la puerta a la reflexión más honda. Cierro con un trozo de reseña de un libro que me encantó de Jorge Volpi, y que da luz como no muchos sobre eso que nos salva de tantas maneras al leer:

“Al introducirse a través de la lectura en los pensamientos y los sentimientos ajenos, el cerebro procesa situaciones hipotéticas que pueden servir en un futuro para afrontar experiencias personales. Se mencionan estudios neurológicos que confirman que los circuitos neuronales que se ponen en marcha al imaginar una situación son los mismos que lo hacen cuando la situación se presenta en el mundo real. Conclusión: el cerebro aprende a través de la imaginación, y la literatura o los videojuegos, <<sólo que esto últimos ya tienen las imágenes predeterminadas>> y constituyen una especie de simulador emocional y experimental que ayuda a la sobrevivencia del individuo y de la especie”.

 

 

¿y los juguetes en los libros? bueno... eso es algo que dará para otro post, por favor sigan leyendo y comenten.