El miedo a la oscuridad y a lo que oculta

November 18, 2015

 

 

De pequeño, cuando viví con mi mamá en el barrio Palermo, tuvimos una casa enorme y vieja al borde del colapso. una de sus alas (como “El ala oeste” de Gorey) carecía de luz. Estaba repleta de presencias que me aterraban, de ruidos disimulados, olor a humedad, habían gatos y otros animales encima y debajo. En las noches a nuestra casa se la devoraba la oscuridad, yo en mi  versión de infante ya era noctambulo y me reverberaba la imaginación; tenía un tío loco amante del terror. Les doy mi palabra de que no lo estoy inventando, se lo pueden preguntar a mi mamá.

 

Acurrucado en el algún rincón oscuro me esperaba mi tío Alfredo. Pero no, jamás se me venía encima de sorpresa para reventarme de la impresión con algún sonido estrepitoso, el tipo tenía su elegancia. En la sosegada penumbra mientras yo deambulaba como un decidido masoquista, comenzaba a escuchar rezos, o locuciones introductorias a programas de terror de los noventa, en una voz que recuerdo ahora como la de Vincent Price (el señor que habla en la canción de Thriller de Michael Jackson). Superados los traumas de la infancia, en la adolescencia comencé a tejer una relación particular con la oscuridad, nunca le perdí el respeto, tenía mis reglas como no gritar en ella o burlarme de ella.

 

 

Como no siempre hay mamá o papá para salvarnos, más vale hacer el ejercicio de salvación por uno mismo. Mr. Fox prescribe para el miedo a la oscuridad “La oscuridad” escrito por Lemony Snicket e ilustrado por Jon Klassen, editorial Oceano Travesía.

 

Laszlo, el niño de éste libro, al igual que yo, le tenía miedo a la oscuridad. Él sabía que en el día ella descansaba en el sótano, que era como su cuarto. Pero en las noches ella se posaba en toda la casa, y también afuera. Laszlo pensó que si iba a saludarla al sótano tal vez ella no sentiría la necesidad de ir a visitarlo a su cuarto de noche. Pero una noche, lo hizo, la oscuridad llegó al cuarto de Laszlo y susurró algo que sonaba como un chirrido de  casa vieja, como el silbido del viento. “quiero mostrarte algo” le dijo la oscuridad a Laszlo. Pero ¿qué le puede mostrar la oscuridad a alguien en la oscuridad? ¿Pueden adivinarlo?

 

Klassen, es uno de mis ilustradores favoritos y debo decir que no es por ello que considero este libro un ejercicio de ilustración magistral. Lo que siento más bello de aquí es la imagen del niño solitario en la casa, me recuerda muchísimo a mí, con la imaginación a mil. Luego la casa, es una que apenas si existe en un esbozo, está más que nada definida por la oscuridad y su sustancia parece estar hecha de materia estelar, de hecho en los dibujos de luz se presiente la presencia del sol. El calor en medio del frío. Luego viene la oscuridad, sencilla y serena, como la idea que le comparte La Oscuridad a Laszo cuando se aproxima a su encuentro. Entonces recuerdo la primera vez que lo leí, recordé que así fue como dejé de temerle a la oscuridad, hablándole, haciéndola viva y parte de mi juego.

Me gusta imaginar que mi tío Alfredo dejó de asustarme porque jamás me volvió a ver intranquilo y porque una noche en medio de su recitación siniestra le dije “no tío, no haga más eso. Debería dejar de comportarse como un papanatas. Yo no le tengo miedo a la oscuridad porque he hablado con ella y la conozco, en cambio usted no, de lo contrario no estaría ahí agazapado sin saber que hay algo, que justo ahora susurra algo a sus espaldas. Lo vería dar un brinco estrepitoso.

Hace un par de días hablé con una amiga sobre la oscuridad, y la mágica posibilidad que tiene de borrar las definiciones de todo lo que creemos ver con certeza. Y nosotros como bobos papanatas huyéndole a la magia.

 

 

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